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Enviar a un amigo

Walter Samuel

por: Milagros Leiva 11 Septiembre, 2017.

Mi mejor amigo de la radio ha muerto. Estoy muy triste, pero también muy agradecida porque Walter Samuel Neyra me enseñó muchas cosas, principalmente el respeto a la vida privada. Era un periodista avispado, jamás se le escapaba la presa y luchaba mucho por sus exclusivas, pero al mismo tiempo era también era un hombre reservado. A primera vista era tímido y cascarrabias, pero cuando te entregaba su amistad era todo lo contrario, bromista, solidario, renegón siempre, un hombre leal.

Nos hicimos muy amigos la primera vez que ingresé a RPP, hace doce años. Entonces yo trabajaba en El Comercio y después del noticiero del mediodía día que conducía con Chema Salcedo solía a jalarlo al centro de Lima. Fue en esos viajes que conversamos de coberturas, de cómo ganarle tiempo al tiempo en los despachos en vivo, de la vida misma. Él que era un hombre de radio me aconsejaba cosas a mí que era mujer de prensa escrita. Nos reconocimos pronto como dos buscadores de información y nos ayudamos siempre. Reconozco además que en mi carrera hay un bando puñalero, con mucho ego descontrolado, gente que no te ayuda ni siquiera con un teléfono de contacto porque creen que acumulación de información siempre será poder. Walter Samuel jamás fue de ese bando. Ayudaba, contactaba, tiraba puentes, recordaba datos. Eso lo hacía más grande. Yo solía decirle que el sol siempre sale para todos y que depende de cada uno imprimirle su estilo a la información porque el hecho es uno solo. Coincidimos en alma y pensamiento periodístico. No era mediocre, salía a competir y perder le ponía picón. Éramos dos picones, esa es la verdad. O mejor: éramos dos periodistas a los que nos gustaba salir de caza y regresar con más de un titular. Si algo recuerdo son sus despachos, sus enfrentamientos a los poderosos, sus estate quieto. No entraba en vainas con los faltosos y eso era lo mejor.

Pero lo que más me unió a Walter Samuel Neyra fue el misterio. Me enseñó que entre amigos el pasado importa solo si se cuenta y que lo trascendente es el presente compartido. No me interesaban ni sus pecados ni sus aciertos ni sus leyendas urbanas, me importaba solo lo que él me contaba. Fue él quien me enseñó más que nadie a respetar los límites. Si preguntaba y me decía déjalo allí así lo dejábamos: allí. Si me hacía una pregunta incómoda y yo le decía que no me fastidiara cambiaba de tema y pronto nos reíamos de cualquier otra cosa. Aprendí que el guardar secretos no significa no querer compartir o no creer en el otro, con Walter Samuel aprendí que incluso el silencio es una franca confesión y que los verdaderos amigos aceptan todo, incluso la reserva.

Me apoyó mucho en mis momentos más oscuros y rió fuerte cuando celebraba jubilosa algún triunfo, yo hice lo mismo. En sus últimos tiempos, cuando la enfermedad avanzaba y la muerte acechaba una larga conversación nos despidió y eso es lo que me tiene hoy tranquila. Triste, pero tranquila. No contaré todo lo que nos dijimos porque soy una tumba con mis amigos, solo diré que vale la pena decirle a la gente cuánto se le quiere mientras vive. Hoy, mientras lo despedía y lloraba porque ya no lo veré más, le agradecía incluso las peleas y malos entendidos. Su cortejo fúnebre al final pasó por la puerta de RPP y me emocionó ver a tanto joven periodista aplaudirlo como despedida a quien fue su jefe editor. Yo también aplaudí y recordé las mil veces que nos quedamos conversando en la puerta o en el grifo mientras comentábamos los avatares de algún personaje público. Recordé nuestras confesiones sobre las heridas del amor y otros demonios y me alegró haberlo conocido.

De regreso a casa me quedé pensando. La muerte de los amigos siempre duele porque son los hermanos del alma que uno elige con absoluta libertad los que se van, pero es también esa misma muerte la que nos enseña con certeza que los sentimientos buenos permanecen incluso más allá del adiós final. Yo, por ejemplo, hoy sé que mi amigo Walter Samuel Neyra me cuidará, a mi y a mis mellizos desde donde esté, como me prometió antes de irse y eso me alegra. Saber que uno tiene ángeles guardianes con nombre propio entibia el alma. Descansa amigo mío. Fue un honor haberte conocido. No cuento ni tus secretos ni los míos porque sé que a nadie le interesa más que a nosotros dos, solo quiero que sepan todos que fuiste una gran persona y que la radio y tus oyentes y todos tus patas te vamos a extrañar.

2 respuestas a “Walter Samuel”

  1. Q triste
    ..me has hecho llorar..Ayer enterramos Milagros al único hijo de 17 años de una pareja de amigos..ambos profesores..chico estaba 5 media colegio jesuita Cristo Rey.ciudad d Tacna…q le dio..estaba jugando fútbol cancha colegio y se desmayó y una neurisma.solo Diosito sabe xq pasan esas cosas..x eso te comprendo..Tkm
    .

  2. Te entiendo, hace unos meses perdí un amigo, estaba conmigo en las buenas, en las malas y las peores, que vacío dejan DIOS mío, pero sé también que siempre estará conmigo…

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