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Resiliencia

por: Milagros Leiva 8 Julio, 2017.

He leído una noticia que me ha dejado con escalofríos. Un niño fue encontrado absolutamente torturado en México. Encadenado, desnutrido, hueso y pellejo. Cuando las autoridades lo rescataron el niño sollozó casi ahogándose, levantó la mano y dijo que tenía 5 años, sin hablar. Le habían pegado en todas las partes del cuerpo que usted puede imaginar. Lo encontraron encadenado. El policía que lo encontró narró que en su mirada no vio desesperación sino esperanza. Sabía que iba a salir aunque fuera una situación extrema, eso es lo que dijo su impotencia adulta quizá como consuelo. Anthony se llama. Tenía incluso quemaduras de cigarrillos en la espalda. Una pareja de tíos lo cuidaba mientras sus padres separados hacían de su vida sabe Dios qué. Los adultos están detenidos.

 

He terminado de leer esta historia y me he quedado pensando en lo que dijo el policía que lo encontró. En que solo vio esperanza en la mirada. ¿Puede un niño de 5 años resistir ante tanto maltrato porque sabe que quizá algún día lo rescatarán? Nunca olvido la entrevista que le hice a Boris Cyrunilk, el psiquiatra autor del concepto que hoy todos comentan: resiliencia. Cuando Boris Cyrunilk cumplió 2 años, su padre no volvió a casa. Al año siguiente pasó lo mismo con su madre. Eran judíos. Era la Segunda Guerra Mundial. Eran desaparecidos. Cyrunilk no tiene en sus manos el certificado de defunción de sus padres, en realidad no tiene recuerdos de quienes le dieron la vida, solo la certeza de que lo amaron con tanta intensidad que le regalaron recursos para sobrevivir. A los 6 años soldados nazis lo apresaron y Boris sabía que estaba condenado a morir. Solo, sin familia, en una cárcel de Burdeos y junto a varios adultos judíos, supo esconderse en el techo hasta que los soldados se marcharon. Y luego supo escapar en un auto con una mujer que no volvió a ver y que lo dejó en una granja con otros desconocidos que le dieron afecto. Cuando cumplió 10 años, la hermana de su madre lo encontró. Hasta hoy no puede explicar cómo aprendió a leer. De hecho se hizo psiquiatra para entender lo que le había pasado.

 

La resiliencia plantea entre otras cosas que las heridas del pasado siempre permanecerán pero que con afecto la memoria es más soportable. Heridas tenemos todos, pero no podemos quedarnos presos del pasado porque entonces sufriremos todo el tiempo. La idea es preguntarnos qué haremos con las heridas personales. No olvido, pero quiero hacer algo con lo que me sucedió. A partir de allí transformo el sufrimiento en creación. Esas son las claves de la resiliencia.

 

Conocer a Cyrunilk, entrevistarlo y leer su obra, quizá haya sido uno de los eventos que más me marcó como periodista y persona. Entendí pronto que estaba en el camino correcto. Tenía heridas, pero me estaba haciendo cargo de ellas y de hecho hoy me considero una mujer resiliente. Me levanto y continúo a pesar del dolor, creo además que con amor la memoria es más soportable. Hoy no tengo clara la historia de ese niño Anthony, no sé si su madre lo amamantó, lo abrigó, lo arrulló, no sé por qué lo dejó solo. Nada sabemos de su padre, salvo que creía que su hijo estaba bien cuidado por sus tíos. ¿Por qué una madre es capaz de abandonar a su hijo pequeño? No tengo la menor idea, yo me siento incapaz de dejar a mis hijos. Sí confieso que he pensado muchas veces que no soy una mamá joven y por eso le rezo a Dios que me dé mucha vida para verlos crecer, estudiar, enamorarse y todo lo que viene por añadidura; pero también sé que mis hijos sienten tanto mi amor que si algo malo me pasara y yo no estuviera más el tejido afectivo con el que los cubro todos los días espero pueda sostenerlos en la fragilidad.

 

He leído la historia del pequeño encadenado y he rezado. En una habitación mis hijos duermen tranquilos, mañana tomamos el avión de regreso a Lima y yo estoy terminando de cerrar las maletas. Los he visto jugar, caminar más seguros, comer cosas que antes ni pensaron. Los he visto sonreír felices, coger flores, recolectar piedras, abrazar a sus tías que viven en Alemania. No puedo evitar suspirar. ¿Cuántos niños están siendo torturados a kilómetros de distancia? No tenemos idea porque no nos enteramos, pero sí tenemos conciencia de los niños que viven cerca, de los que duermen con nosotros bajo el mismo techo. Por eso detesto a la gente que dice que no importa que el niño llore, que ya aprenderá, porque esa también es una forma de tortura. Los bebés no pueden hablar, pero tienen miedos como nosotros, ganas de hacer cosas nuevas, también se aburren y mucho. ¿Por qué no atenderlos cuando lloran?

 

No me importa que me digan que engrío demasiado a mis hijos y que soy demasiado protectora. ¡¡¡Solo tienen año y dos meses!!! ¿Cómo no voy a protegerlos? Cuando caminen bien y sin tambalear seguro caerán mil veces y se levantarán otras tantas, y seguramente estaré cerca para alentarlos, pero ahora que no hablan, que apenas balbucean no quiero dejarlos solos. Quiero protegerlos y mucho y cuando los cargo los felicito siempre, les digo que estoy muy orgullosa de sus avances, de cómo caminan cada vez más rápido. No sé qué cosas estarán procesando internamente, solo sé que Antonia y Joaquin se quedan muy quietos y sonríen mientras los lleno de besos y que en las madrugadas -ahora que dormimos los tres en dos colchones en el piso- me despiertan palmoteándome la pierna o dando de gritos y yo solo sonrío. En la oscuridad los tres sonreímos.

 

En todo esto pensaba mientras terminaba de leer la noticia. Si algo me alegra es que rescataran a este niño vivo. Tardará muchos años en recuperarse y no tenemos idea de cómo será su futuro, pero creo en lo que una vez me dijo el creador de la resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. Mi único deseo es que ahora los cuidadores temporales quieran mucho a Anthony, que le den amor a borbotones para que vea el lado de la luz. Amen mucho y si se cansan descansen y vuelvan a amar. Es el único consejo que siempre les voy a dar. Ahora sí me despido. Debo cerrar mis maletas, debo volver a Lima porque la chamba me espera. ¡Gracias vacaciones como mamá a tiempo completo, soy muy feliz con bebitos y casi ni duermo pero no me importa! Así es el verbo maternar: intenso y por momentos muy agotador, pero absolutamente enriquecedor

4 respuestas a “Resiliencia”

  1. Cada ves me gustan más tus “post” y eso que yo ya pase hace muchosss años esas vivencias, tengo 82 años, 5 hijos, 17 nietos y 9 bisnietos y dos más en 2 meses, que Dios te bendiga cada día lo mismo que ha tus hijitos

  2. Hola, si es muy importante los 3 primeros años de vida, ahí se marca tanto lo que pasa en tu corta existencia, es para siempre… bendiciones y sigan amándose los tres, besitos…

  3. Me encanta tus post Milagritos, admiro tu amor total por tus dos amores, en nuestra vida hay hechos que nos marcan y es ahí cuando la resiliencia nos ayuda a salir a pesar del dolor, yo perdí a mi esposo cuando mis dos florecillas tenían 8, 9 añitos, hoy dos mujeres emprendedoras que adoro con la misma fuerza de hace años. Un beso para ti y tus dos tesoros que Dios me los bendiga.

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