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El niño que todos llevamos adentro

por: Milagros Leiva 17 Agosto, 2017.

Joaquin y Antonia gritan cuando están felices. Si persiguen una pelota en un amplio parque corren gritando, si comen mandarinas cuando están antojados aplauden felices. Me gusta observarlos celebrar. Joaquin por ejemplo ya sabe prender la radio y baila feliz toda la música que radio Mágica transmite durante el día. Antonia también lo sigue en el festejo. Y no les digo la cara que ponen cuando les hago teatro de títeres con los Micky y Minnie de tres tamaños que les han regalado. El mundo de Disney es parte de mi infancia y suelo buscar en youtube las aventuras del ratón y del pato Donald para ver si mis bebitos también ríen con las ocurrencias.

La pareja de ratones hoy es súper educativa, Minnie ahora tiene ropas con botones y cierres para que los niños ejerciten su coordinación motora fina, lo mismo los zapatos, tienen pasadores y pega pega. La verdad es que yo también juego con bebitos y no dejan de asombrarme todas las novedades que ahora tienen los niños. Será por eso que cuando mis amigas me pasaron la voz de que en el Tottus del Jockey Plaza había todo un espacio interactivo de Disney especialmente para los niños no dudé en ir con mis hijos para ver sus rostros curiosos disfrutar. Fue muy divertido verlos jugar con los personajes de Disney y aunque nunca han visto un video de Frozen o del Hombre Araña igual jugaron entretenidos. Eso sí, algo debe tener el ratón más famoso del mundo para que todos los bebes les tengan tanto cariño o quizá sea el cariño de los padres el que permite que la magia se siga trasladando, no lo sé. Lo que sí he comprobado es que sigo siendo niña y que quizá ese sea el secreto para tener hijos contentos.

 

Reconozco que muchas veces tengo ganas de gritar en la calle de alegría como lo hacen mis hijos, pero me detengo para que no me crean loca, pero en mi casa sí grito de alegría y bailo mucho sola. Lo que sí me he olvidado es de aplaudir mis logros como lo hace mi pequeño hijo. Es mágico verlo aplaudir cuando logra empujar un auto o emboca una pelota en el sitio correcto, me mira y ríe y aplaude y yo aplaudo más diciéndole muy bien hijo, me alegra mucho cuánto vas avanzando. Su hermana por contagio hace lo mismo aunque más tímida, yo la empujo a celebrar sus logros, ella es muy traviesa y muy gimnasta y creo que pronto se dará un volantín. Imaginarán entonces sus caras cuando caminaron por el espacio dedicado a los personajes de Disney. Los vi felices, celebré con ellos y aunque no nos ganamos el Ticket de los Sueños que no es otra cosa que un vale para comprar más juguetes, nos retiramos contentos. Y lo más importante comprendí que debo seguir insistiendo en mi tarea de educarlos en el juego de elegir y compartir. No es fácil pero lo estoy logrando. Ambos quieren el mismo juguete y mi tarea es enseñarles que cada uno puede tener su espacio, que deben aprender a compartir  y que así como cada uno espera su turno para el baño en la ducha por ejemplo (los dos se bañan conmigo) pueden también aprender a esperar por el juguete deseado. Eso lo he logrado con los carritos, Joaquin toma el mando y maneja y Antonia empuja (ayudada por un adulto siempre) y luego Antonia maneja y Joaquin empuja y así hasta que se cansen. Les juro que no es fácil. De rato en rato escucho gritos y llantos y cuando abandono la computadora en la que estoy trabajando y corro preguntando qué pasa mis nanas me contestan que Joaquin quiere el juguete de Antonia y así al infinito.

 

Imaginarán que en un espacio de juguetes no es fácil hacerles entender que no podemos llevarnos todo a casa, pero sí entienden al final que mejor es elegir uno que irse llorando sin nada bajo el brazo. Mis hijos no son los niños rellorones y remimados que no dejan de protestar hasta comprar el objeto deseado, la verdad que no. Y no sé si es suerte o es mi educación en la tolerancia o quizá sea que ambos saben que son mellizos y que desde el inicio están acostumbrados a compartir, a esperar, a saber que no están solos en este mundo. No lo sé, pero no hacen rabietas bochornosas. Mi familia dice en cambio que yo era la vergüenza familiar, que hacía tremendos escándalos de llanto y que los avergonzaba a todos. Yo lamento esos recuerdos, pero también entiendo que quizá mi lugar en el mundo haya sido un factor. Yo era la cuarta de cinco hermanas. ¿Será que conmigo ya no había lugar para la paciencia? No lo sé, pero si algo no quiero es que les digan a mis hijos mañosos o llorones como me han dicho a mí desde que tengo uso de razón, en eso también radica la maternidad, en corregir los errores de uno mismo incluso desde la niñez.

 

Debo decir finalmente que me fui muy contenta de Tottus, sonriendo con todos los juguetes que se van creando en el mundo infantil (será que crecí en la dictadura de Velasco y no había variedad? L), y más que feliz con mis bebitos que jugaron hasta el cansancio con sus caritas felices por tener cada uno al ratón entre sus brazos. Quizá y no me estoy dando cuenta los dos están empezando su propia colección de Micky y Minnie. Quizá y en ellos se repite lo mismo desde tiempos inmemoriales: coleccionar, ordenar, atesorar, elegir. Al salir de la tienda me prometí con más fuerza lo que hago desde que nacieron: jamás abandonar mi niña que sigue jugando y divirtiéndose con las pequeñas cosas de esta vida y celebrar como mi hijo Joaquin mis pequeños grandes pasos. Lo digo siempre: son ellos los que me enseñan todos los días y es en el juego donde saco las más inesperadas lecciones. Debo decir además que yo también salí con mi personaje preferido: el travieso pato Donald trepado en su propio avión (comprenderán que el pato no es para mí, pero Joaquin y Antonia todavía no lo saben J, así que guardemos juntos el secreto).

 

3 respuestas a “El niño que todos llevamos adentro”

  1. No dejo de leer cada artículo q escribes.te felicito eres una gran persona y profesional q Dios siempre te bendiga a ti y tus lindos hijitos
    Un abrazo desde Trujillo

  2. Que lindo es leer y volver a recordar bellod momentos de las etapas de la vida volviendo a eso momentos donde somos feliz y dentro de una burbuja protegidos por el amor de una madre….sigamos siendo niños…. gracias Milagros por llevarnos a esos momentos
    Saludos desde Trujillo

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