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Fibromialgia

por: Milagros Leiva 15 enero, 2020.

Aprendí a pedir ayuda. A saber que sola no puedo. Cuando murió Joaquin Hastamorir comenzó todo. Un día no pude levantarme. Mi cuerpo era una tabla y mis articulaciones eran clavos. Quise sentarme y grité de dolor. Estaba sola. No sabía lo que pasaba. No podía apoyarme sobre mis muñecas, aprendí que puedes salir de la cama arrastrando tu cuerpo y apoyándote en los codos. Me dolía todo. No podía abrir la puerta, tampoco abrir el champú. No podía levantar las manos para lavarme la cabeza. Me tuvieron que bañar. Otra persona tuvo que abrir los cajones por mí.

 

Me asusté y mucho al principio, a veces sigo asustada. Fui al médico y me recetaron bombas de corticoides para bajar la inflamación. Mi cuerpo se hizo un balón, mi cara un plato. Cuando veo mis videos de 5 Minutos pienso que eso no era gordura sino enfermedad pura. No le dije a nadie lo que me pasaba, cuando cojeaba en lugar de caminar decía que había pisado mal. Cuando pedía por favor que me abrieran una botella de agua explicaba que ese día me dolían mucho las articulaciones y me ayudaban diciéndome que en efecto mis manos estaban muy hinchadas.

 

Pero al inicio yo no sabía que tenía fibromialgia. El primer diagnóstico fue artritis reumatoide. El dolor trajo efectos colaterales: dejé de dormir, dejé de escribir. Mi lucha contra la infertilidad durmió un poco el dolor; concentré mi energía en la vida y creo que mi cuerpo se adormeció. Las articulaciones me dolían, pero ya no eran clavos. Respiré fuerte. Si quería quedar embarazada tenía que aguantar macha el sufrimiento y no tomar corticoides. Eso hice durante seis años.

 

Y entonces se hizo el milagro y mi útero comenzó a anidar. Una masajista me acompañó todo el embarazo. Me dolía el cuello. Los pies. Sin Zulema no sé qué habría hecho. Sus masajes me dieron alivio. El cuerpo dolía pero yo resistía. Para entonces ya había dejado de usar tacos. Mucho antes de quedar embarazada había comenzado a usar sólo zapatillas. Quería caminar sin dolor.

 

A los dos meses y medio de dar a luz volví a despertar rígida, el dolor luego me retorcía. Comencé a cojear otra vez. No podía sacar a mis mellizos de la cuna. Me dolía cargar. Otra vez no podía abrir las botellas, tampoco exprimir limones. No podía abrir latas, menos abrocharme el brasier. Un día tampoco pude abrir la puerta de mi auto y un desconocido me ayudó. Otra vez comencé a empujar las puertas con el hombro, mis muñecas eran intocables nuevamente. Caminaba y sentía que tenía piedras en mis zapatos, literalmente. Respiraba mucho al caminar, me concentraba. Cojeaba y paraba inventando dolores de rodilla. Un día le conté a Susana Vera, mi jefa en RPP, lo que me pasaba y le pedí por favor discreción. La bendije eternamente porque nunca me miró con pena. Nunca le conté a Su, pero cuando me mandó a cubrir el niño costero tuve muchos problemas para subir a los helicópteros. Respiraba más que fuerte antes de impulsarme, me dolía el alma pero le pedía a Dios que me ayudara a subir como si nada me afectara. Yo solo quería seguir siendo periodista y mi mente ayudó. Es más creo que ningún soldado o general se enteró de mis dolores. Cojeaba mucho, pero siempre decía que había pisado mal.

 

Fue la ex ministra Patricia Garcia la que nombró mi enfermedad. Yo la iba a entrevistar en mi programa “Todo Se Sabe” y en un comercial me preguntó sin anestesia: qué te duele? Yo me quedé perpleja. Cómo que me duele? Pregunté. Y la doctora me contestó: tienes cara de dolor. Esa noche en particular me dolía todo. El cuello, la cintura, las manos, las rodillas, los tobillos. Yo era un dolor que caminaba. Antes de comenzar la entrevista le contesté a la doctora: me duele todo. Cómo todo??? Volvió a preguntar. Todo, le dije. Me duele todo el cuerpo y ya no sé qué hacer. Y sonó la música del programa y yo la entrevisté como si no me doliera un músculo y al final del programa la ministra no se había ido.

 

Esa noche le conté a la doctora García toda mi impotencia y mi calvario. Le conté que me habían diagnosticado artritis y ella pidió ver mis manos. Me tocó ciertos puntos que me hicieron saltar, en el cuello, en la espalda. Tú no tienes artritis, tu tienes fibromialgia; sentenció y me recomendó un doctor especialista. Me quedé fría. Me fui a mi casa y comencé a leer sobre la fibromialgia. Coincidía en algo: suele aparecer después de un grave estrés post traumático y a mi me dolía hasta el pelo después de haber encontrado infartado a JH. Pero ahora??? Por qué ahora si acababa de dar a luz a mis mellizos, si había logrado lo que más quería?? Eso no calzaba. Y fue justamente eso lo que le dije al doctor Berrocal y él muy serio contestó: lo que no entiendo es por qué y cómo no colapsaste antes. Yo seguí con cara de interrogación. Milagros, me dijo. Tú has hecho un embarazo exitoso mientras medio Perú te lapidaba, vuelvo a preguntarte: cómo no colapsaste antes???

 

Y entonces entendí. El doctor me hizo un examen clínico y certificó que tenía fibromialgia y yo revisé mi historia. En efecto durante mi embarazo había sentido varias veces los efectos de la lapidación. Yo misma busqué una figura en mi mente. Me imaginé a mi misma enterrada hasta el cuello; me dije a mi misma que si los periodistas y la gente que me lapidaba en redes querían podían matarme a pedradas por todo lo que había hecho con Belaunde Lossio, ya no me importaba ver mi rostro ensangrentado con cada burla y juicio (que incluso hoy me hacen con saña y crueldad); podían masacrarme a mí y hacer fiesta si querían; pero mi vientre enterrado estaba a salvo, mis hijos iba a sobrevivir, a mis mellizos nadie los iba a apedrear.

 

El doctor Berrocal me dijo grave, pero sereno: la lapidación, Milagros, genera mucho estrés post traumático. No es fácil sobrevivir y algún daño colateral tienes que tener. En tu caso ha sido la fibromialgia. Confieso que ese día me abracé sola de regreso a casa. Nunca nadie antes me había preguntado: cómo no colapsaste antes??? Me abracé. No me había dado cuenta de que acababa de pasar por otro estrés post traumático. La bancada Nacionalista pidiendo ni cárcel, los periodistas difamándome sin preguntar; yo perdiendo mis tres trabajos, yo dejando de escribir en El Comercio, que era lo que más amaba y lo que había hecho durante 22 años. Yo lapidada. Mi dolor intenso tenía justificación; mi dolor tenía diagnóstico.

 

Y comencé a investigar más. Tomé más bombas de corticoides, más pastillas para el dolor crónico que me obligaban a dormir. Hasta que un día escuche con mucha atención a Francesca Brivio y a mi esposo que me decían probara el aceite de cannabis y decidí dejar todas las pastillas que además me afectaban la memoria reciente. Y en eso estoy ahora. Probando y probando todo lo que pueda menos pastillas. Sigo sin usar tacos (hasta me casé con zapatillas 🙈😊😎), solo uso zapatos bellos para las fotos 😊😊sigo abriendo puertas como puedo, sigo respirando fuerte cuando mi articulación no me deja dormir. También uso una pulsera japonesa que Jhony me ha regalado y que me ayuda a dormir: se supone da millones de impulsos eléctricos para desintoxicar mi organismo. Y sí, tiene dos imanes.

 

El tema con mis hijos es un capítulo aparte. Reconozco haber sufrido mucho cuando no los podía cargar, cuando no los podía sacar de la cuna en cuanto lloraban. A mis mellizos les he contado que me duele el cuerpo, ellos han escuchado mi dolor cuando me han doblado la muñeca jugando o de pura casualidad. Ellos saben que mamá no puede gatear tan rápido. Y hoy cada vez que cargo a mis hijos les digo que se impulsen, que me ayuden y cuando lo logro ellos mismos me dicen: mami!!!! estás recuperando la fuerza!!! y yo sonrío mucho y les digo que sí. Que voy a recuperar toda mi fuerza y que voy a cargarlos siempre, hasta el fin de mis días.

 

A veces cuando veo a Jhony cargarlos en sus hombros o hacerles avión o simplemente hacer caballito yo siento que mi corazón se estruja y se hace pasa porque no puedo, pero igual sigo intentando y hay días que lo logro. Todo está en la mente; me digo. Todo. El dolor es producto de experiencias traumáticas que no supe procesar, pero sí estoy convencida de que voy a sanar. Tengo mucha fe y si algo sé hacer es luchar. Así que ahora estoy luchando y sacando de mi cuerpo el dolor crónico y enviándole mensajes a mis músculos, a mis tendones, a mis articulaciones. A todo mi cuerpo le estoy diciendo que lo peor ha pasado y que es hora de no contraerse más, que no tengo que defenderme como ovillo; que puedo descansar.

 

Todo está en la mente. Eso decreto siempre. Lo hice para sobrellevar el duelo, lo hice para luchar contra la infertilidad; lo hago ahora y digo que no estoy enferma ni condenada a sufrir, repito mil veces que todo pasará. Estoy pensando en positivo y sé que lo voy a lograr. Gracias a todos por sus mensajes cariñosos y preocupados. Todo saldrá bien. Mil bendiciones, gracias por abrazarme y querer protegerme.

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