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Corte

por: Milagros Leiva 3 Agosto, 2017.

El 2 de agosto del 2017 Joaquin y Antonia tuvieron su primer corte de pelo. Joaquin se comportó como un lord educado, no lloró, apenas se movió, dejó coqueto que le pusieran la capa celeste, se sentó en un asiento que simulaba ser un auto de competencia y se dedicó a ver las aventuras de Mickey Mouse mientras una señorita manos de tijera le cortaba los pelitos de la barriga que estaban de más. Así me dijeron exactamente. Antonia en cambio fue un huracán que tardó mucho en sentarse no en el auto sino sobre mi regazo. La tuve abrazada todo el tiempo para que la tijera hiciera su trabajo y estuve entreteniéndola con mis cuentos para que no se moviera. Su hermano la observaba con cara de intriga y gran interrogación. Son tan distintos mis mellizos que siempre termino agradeciéndole a uno de ellos por ayudarme a que todo termine más o menos en paz. Cuando llora Joaquin, Antonia permanece callada y así al revés todo el tiempo, se prestan chupones para consolarse y el que permanece en silencio me mira con cara de yo-te-ayudo-mamá. Existe una excepción: ¡Ay, de mí! si uno se cae y tiene graves problemas con el coscorrón, el otro también llora por solidaridad. Si los dos lloran a la vez les juro que he visto en varios rostros la señal de la impotencia y la compasión.

 

Felizmente hasta hoy no pierdo la paciencia. No sé si estoy haciendo lo correcto pero suelo tratar de hacerles entender que en la vida uno la pasa peor si todo el tiempo se reniega y que es mejor miel que hiel. De hecho todas mis amigas que son madres me han dicho que les asombra mi estado zen con mis mellizos. Yo no lo había notado porque creí que así son todas las madres, pero ellas me aseguran que no, que si uno pierde la paciencia con uno con dos es posible que un buen día termine estallando. Mi respuesta es que quizá sea que soy mamá mayor o que los deseé tanto que impongo disciplina con amor y sin rigor. Hasta hoy me resulta. Son absolutamente disciplinados. Respetan sus horarios, se lavan los dientes siempre después de comer, no cogen las cosas de los adultos y un largo etcétera.

 

No lo niego. Durante este año y tres meses que conozco y crío a mis hijos he pensando mucho en la paciencia. He terminado exhausta sobre mi cama pensando que felizmente se durmieron o comieron o  mil actividades que realizan por primera vez. Ayer por ejemplo, cuando por fin terminamos con Antonio pensé mucho en el corte de pelo. Me asombró el cariño y la buena energía con la que fueron atendidos y comprendí que solo quien tiene paciencia logra sortear retos que parecen imposibles. Yo no podría cortarle el pelo a bebitos que se mueven. Tendría miedo de hacerles daño con la tijera y seguramente la línea del cerquillo terminaría en zigzag. Debo decir que Antonia terminó con un corte coreano perfecto y Joaquin con su estilo Bon Jovi perfectamente delineado. Los dos aplaudieron felices al final, aunque Antonia lloró cuando le quitamos el gato que la buena peluquera le dio para entretenerlo.

 

Luego me fui pensando que yo no soy tan osada. Que no me corto el pelo todo el tiempo, que quizá eso me falta y que debería atreverme más. De vieja también he aprendido que es muy saludable cortar sin miramientos con asuntos o personas que nos intoxican. Antes era el tipo de mujer que pensaba que podía curar y sanar a los demás. Ya aprendí que la persona es como es y si envejece se pone poner. Mb Ahora he decidido que voy a cortarme el pelo con mayor frecuencia, eso me prometí después de ver tan entretenido a mi hijo Joaquin y que además voy a seguir cortando con todo lo que pretende ensombrecer mi alma. Eso ya lo estoy logrando. No salgo con nadie por compromiso como quizá lo hacía antes. No almuerzo con alguien porque no me queda otra y porque en serio me da indigestión. Y lo más importante: ya no pienso en que debo caerle bien a todo el mundo o no me rebano los sesos pensando por qué determinada persona habla tan mal de mí. Allá los que envenenan sus almas destruyendo a los demás. Eso pienso. Allá los que dicen querer y hacen todo al revés. Yo prefiero quedarme con el amor de mis hijos, de mi familia, de mis amigos, de mi misma que es incondicional.

 

En todos los cortes me quedé pensando después de ver a mis hijos estrenando nuevo look. Los dos no dejan de sonreír con los piropos y ver sus rostros alegres me enternece tanto que compruebo una vez más que es en la primera infancia donde se construyen las columnas de la seguridad, de la aceptación, del disfrute. Eso quiero para mis hijos, eso intento aprender incluso ahora que estoy en base4. Cortar implica ordenar, delinear, formar, reinventar. Tremendo verbo que deberíamos usar más seguido para lograr cosas positivas. Cortar para avanzar. Eso es lo que espero lograr.

3 respuestas a “Corte”

  1. En éste momento pienso en Nadine Heredia, todo lo que se está perdiendo de sus hijos por la ambición y él también, pobres niños… bendiciones y cortar, no?

    • Eres una madre primeriza que disfruta cada movimiento y expresión de tus hijos, eres una gran madre y tus consejos que compartes ayudaras a muchas madres jóvenes que no tienen paciencia con sus hijos a veces la vida es dura y sólo viven para trabajar y lo que tienen que darle a sus hijos es amor nada mas, un beso Milagros!!!!

  2. Qué bueno que tengas la alegría de compartir tus valiosas experiencias con tus hijos. Eso me hace pensar que en tí, encontraremos una buena difusora de la importancia de la primera infancia en la vida del ser humano. El Perú tienen una gran deuda con los niños y tus palabras sirven para una excelente reflexión. Ojalá más madres se animen a como tú, valorar cada instante y momento que tengan la alegría y oportunidad de jugar, bailar, reír y disfrutar con sus hijos. Paciencia y tolerancia con quienes están construyendo su personalidad.

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