Menu
X
El Post ha sido enviado

Enviar a un amigo

Una actividad que llena varias almas

Entrevista a: Voluntariado Aprendo Contigo 26 Febrero, 2016.

Voluntariado Aprendo Contigo

Programa educativo y recreativo

Una actividad que llena varias almas

Cuando la mujer empieza a rozar los 40 años de edad, es casi una regla escuchar que todo se irá en picada, que se le fue media vida sin cumplir sus metas, que su cuerpo nunca será el mismo, que su pareja ya no la mira con deseo o que ahora que los hijos están grandes, las horas vacías la atormentan. Felizmente también sobran los consejos para sacudir esas falsas creencias y uno de los favoritos en la lista es hacer un voluntariado.

Aprendo Contigo es un programa educativo y recreativo para los niños que ven impedida su escolarización por motivos de salud. Desde el año 2000, cientos de voluntarios han dedicado su tiempo en el Instituto de Enfermedades Neoplásicas (INEN) y en el Instituto Nacional de Salud del Niño (INSN). El amor y apoyo que brindan a niños y familiares es tan valioso como la recompensa emocional que el voluntario recibe al hacerlo. Y según Pamela Vargas, Marifé Chocano e Yvette Muñoz, voluntarias veternas de esta entidad, las mujeres arriba de los 40 son su principal motor.

¿Cuál es el perfil de la voluntaria?

Yvette: Muchas mujeres tienen más de 15 años haciendo voluntariado en Aprendo Contigo. La mayoría son personas como nosotras que ya tienen a los hijos grandes, ya sea estudiando o trabajando. Ellas han llenado sus espacios con el voluntariado y son las de mayor permanencia.

Ivette: Marifé y yo somos fundadoras y empezamos cuando nuestros hijos aún eran chicos. Mi decisión en ese momento fue agradecerle a la vida por lo que me estaba dando; tenía un matrimonio bien constituido, una familia funcional, buenos colegios, pero conforme pasó el tiempo, ellos crecieron, se fueron y yo me metí de cabeza a esto. Me gustó tanto que ahora trabajo aquí todos los días.

¿Qué motiva a sus voluntarias de mediana edad a estar en Aprendo Contigo?

Pamela: Hay de todo. Sí he encontrado comentarios como ‘Ya pues, los hijos están grandes, no tengo nada que hacer, por eso hago un voluntariado’, pero no es el motivo principal de la gente. La motivación de la mayoría es servir al prójimo, en este caso a los niños y sus familias. Y aquí no se involucra cualquiera pues de todos los voluntariados, es poca la gente que acepta trabajar con niños enfermos.

¿En que consiste Aprendo Contigo?

Marifé: Es un programa de aulas hospitalarias, como una escuela dentro del INEN y del INSN (ex Hospital del Niño). Los chicos nos llaman las ‘mises bamba’ porque si bien hay muchas que son graduadas (en pedagogía), otras no lo son, pero aprendemos. Al final nosotras recibimos más de lo que damos, sea de la edad que tengas. La experiencia que uno se lleva es impresionante porque el solo hecho de hacerlos sonreír mientras les ponen la vía o les hacen la quimioterapia, te hacen el día.

¿Por qué la mayoría son mujeres?

Pamela: Porque somos las que disponemos de más tiempo. Normalmente en nuestra sociedad machista, el que trabaja es el hombre y quien se queda en casa es la mujer, aunque cada vez menos… Aquí, de los más de 250 voluntarios que tenemos, más del 70% son mujeres arriba de los 40 años de edad. El resto son estudiantes o gente de la tercera de edad. Pero igual tenemos nuestra dosis de testosterona. Tenemos, por ejemplo, a un estudiante que empezó de voluntario para cumplir con sus horas de práctica en el colegio y que se enamoró del programa y se quedó. Tenemos también a un señor mayor jubilado y viudo con dos hijos viviendo en el extranjero que hace su voluntariado en el Hospital del Niño. Él estaba con las manos vacías y ahora es feliz.

Esto rompe con el estereotipo de voluntariado sinónimo de señoras…

Pamela: Totalmente. Marifé: Y todos aprenden de todos, los chicos empiezan a ver el mundo con otros ojos, se dan cuenta de que no es su mundo nada más.

Muchos pensadores aseguran que la felicidad de uno radica en hacer feliz al otro. ¿Lo ven en su grupo?

Pamela: Por ahí va eso de que uno termina aprendiendo más de lo que pensaba. Al analizar el nombre de Aprendo Contigo te das cuenta que más allá de aprender con los voluntarios, somos nosotros quienes aprendemos de los niños y de sus familias. Aprendes actitud frente a la adversidad al ver al niño que no puede tener un sueño tranquilo porque vienen las enfermeras, que no puede salir a la calle a jugar o que no puede ver tele cuando le da la gana, sin embargo lo pasan bien. O me ha pasado ver a una mamá que se le murió la hija mayor de cáncer, tiene un hijo Down en casa y otro con leucemia en el hospital. Uno piensa ‘esta señora podría estar sumida en una tremenda depresión’, pero de todas las mamás es la que colabora con todos los niños y bien, es una súper mamá y te enseña tanto. Si te encierras en tu burbuja, dices ‘Ayyy, me siento sola, mi hijo está metido en drogas, lo jalaron en la universidad…’ Hay gente que tiene mucho menos y que termina dando mucho más.

Ivette: Es salir de la burbuja, ya no te miras a ti no más. Eso del concepto de la felicidad es salir de ti haciendo feliz a otros y pensar en los demás en lugar de concéntrate en tu drama. Eso te permite ver que hay otras realidades y la utilidad que puedes tener tú, que tu vida la puedes hacer mucho más rica, más transcendental porque estás atendiendo al de acá y consolando al de allá. Eso te llena mucho.

Marifé: Los voluntarios no llegan a medir la importancia de su trabajo, lo transcendente de su labor. Uno puede pensar ‘Sí pues, solo es una mañanita a la semana que estoy dando de mi tiempo’, pero ¿sabes lo que eso significa para los niños?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *